Geoingeniería, más allá de los mitos


Conseguir modelar el clima es un antiguo sueño, pero, por el momento, todos los experimentos dirigidos en esa dirección han fracasado. También se ha estudiado la tecnología para combatir el calentamiento global, pero los expertos no tienen nada claro si es conveniente utilizarla.

En el cielo hay un montón de aviones que dibujan rayas blancas. ¿Para qué? La respuesta depende de a quién se le pregunta: manipulación de la población mediante la diseminación de elementos químicos, contaminación de la Madre Tierra, robo de lluvia o, directamente, intentos de cambiar el clima. También han surgido asociaciones que se oponen al fenómeno, que denominan chemtrail, y que alertan de posibles conspiraciones detrás de estas rayas dibujadas en el cielo.

"Todo esto es más falso que una moneda de tres euros", aclara Xavier Giménez, químico ambiental de la Universidad de Barcelona. El experto ha analizado de cerca los mitos urbanos que se han originado en torno a estas supuestas fumigaciones. En su opinión, en la sociedad actual la intercomunicación es muy fácil, lo que ayuda a exagerar rápidamente cualquier fenómeno. "Cuando se analiza la cuestión con un poco de atención, está claro que todas y cada una de las huellas que dibujan los aviones en el cielo son agua".

La explicación que hay detrás es sencilla. "Los aviones extraen gases de los motores de combustión. En estos gases se encuentran principalmente agua y dióxido de carbono, así como restos de combustible que no se han quemado del todo. El dióxido de carbono no se ve, pero, dependiendo de las condiciones del aire, el agua se condensa. Cuando el aire está muy frío es más fácil la condensación, pero tiene que haber un mínimo de humedad. El proceso también depende de la circulación de las masas de aire: cuando se acerca un frente húmedo, las huellas son mucho más fáciles de explicar. Cuando el tiempo es muy seco, en cambio, las huellas no se ven". Un fenómeno similar se puede ver, por ejemplo, a primera hora de la mañana, cuando hace frío y arrancamos un coche. "En ese caso, además, por la noche el agua se ha condensado en el tubo de escape. Por eso se ve humo blanco por la mañana. En el caso de los aviones, sin embargo, ocurre a mayor nivel, dado que tienen motores muy potentes".

Como todas las teorías de la conspiración, las supersticiones sobre las estelas de condensación parten de una base. De hecho, desde hace tiempo se han llevado a cabo experimentos para provocar lluvia. Se conoce bien el proceso físico-químico que hay detrás. La humedad de las nubes requiere pequeños elementos para condensar y generar gotas de lluvia. En la naturaleza, el polvo y el hollín cumplen esta función. En teoría, si se introdujeran elementos de condensación en las nubes, sería más fácil crear lluvia. Para ello se utiliza, sobre todo, yoduro de plata. En la práctica, sin embargo, no es tan fácil. En Estados Unidos, por ejemplo, muchas pequeñas empresas están prestando este servicio, pagadas por las asociaciones de agricultores que necesitan la lluvia. Giménez considera que en esta actividad se encuentra en parte la mitología de las estelas. "Pero también está la imaginación del ser humano en el origen de esta teoría de la conspiración".

Intentando crear lluvia

Sin embargo, no está demostrado que estos esfuerzos por "sembrar" lluvia sean efectivos. "Los estudios serios que se han hecho indican que casi nunca se consigue provocar lluvia, y cuando se consigue, como mucho, la cantidad de lluvia sólo ha aumentado un 10 o un 15%. También es cierto que estas prácticas pueden afectar a la fuerza de las tormentas. A medida que aumentas el número de núcleos de condensación, consigues generar más gotas, lo que impide que las gotas que se generan sean tan grandes. En consecuencia, la fuerza de las tormentas se ralentizaría". El experto advierte, sin embargo, de que este fenómeno nunca ha sido probado. "Sólo lo he visto en investigaciones, pero habría que demostrarlo en la práctica".

Además de producir lluvia, este tipo de prácticas pueden, en teoría, servir para "enfriar" el planeta. Cada vez son más los estudios que analizan esta posibilidad. La disciplina se ha denominado geoingeniería, y sería una suerte de tecnología para combatir el cambio climático. Aunque se han presentado propuestas de muy diversa índole, la más conocida es la introducción de grandes cantidades de aerosol en la atmósfera para ocultar parcialmente los rayos procedentes del sol y enfriar así las temperaturas del planeta.

En un estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution, sus autores advierten de hay que tener cuidado con la implantación masiva de la geoingeniería. Según argumentan, si se empezara a utilizar esta tecnología y luego, de repente, se abandonara, podría haber grandes riesgos para la biodiversidad.

Para llegar a esta conclusión se han basado en un modelo que simula la emisión de 5 millones de toneladas de dióxido de azufre al año en el periodo 2020-2070. Christopher Trisos, autor principal de la investigación, explica los resultados. "La interrupción de la geoingeniería elevaría mucho las temperaturas, de un modo mucho más rápido que si nunca la hubiéramos utilizado antes", advierte.

Según este ecólogo de la Universidad de Maryland (EE. UU), "los organismos que no podrían adaptarse a los elevados aumentos de temperatura deberían migrar a zonas más frías. Si interrumpimos bruscamente la geoingeniería, los organismos tendrían que desplazarse diez kilómetros por año para poder vivir en su clima natural. Es decir, deberían hacerlo de un modo mucho más rápido que la capacidad de migración de muchos de estos seres vivos". Preguntado por otros posibles efectos negativos de la geoingeniería, Trisos ha expresado su preocupación. "Todavía no sabemos muy bien qué efectos puede tener en la agricultura. Por otro lado, la geoingeniería no enfría el clima de la misma manera en todos los lugares, y también altera los patrones de precipitaciones. En consecuencia, puede haber ganadores y perdedores en las distintas regiones del planeta. Esto supone un gran problema político; por lo tanto, hay que hacer más estudios sobre cómo utilizar la geoingeniería en el ámbito político".

Un proyecto gigantesco

Aunque este tipo de estudios prospectivos dibujan un paisaje ciertamente preocupante, Xavier Giménez advierte de que no son más que propuestas de experimentos realizadas hasta ahora por algunos científicos. "Pero la gente ha creído que esto se hará de forma sistemática. Además, de cada experimento que se realiza, en ciencia se obtiene información útil". Con todo, el experto argumenta que la geoingeniería no se puede hacer de forma sistemática. "Son sólo propuestas. Hacer un proyecto que realmente afectase al clima de la tierra sería una empresa enorme. Harían falta años, utilizando una ingente cantidad de los presupuestos de los gobiernos implicados. No tiene sentido". En la misma dirección señalada por otros muchos científicos, el experto cree que es más fácil reducir las emisiones de dióxido de carbono que realizar una intervención tan gigantesca a nivel mundial. En este sentido, Giménez ha subrayado la necesidad de la divulgación de la ciencia. Tanto para romper mitos como para poder afrontar los grandes debates que hay sobre la mesa. En ello lleva trabajando desde hace tiempo, especialmente a través del blog Química, aire y ambiente de la red Scilogs. Sin duda, gracias a iniciativas de divulgación como la suya, será más fácil distinguir qué es superstición, qué es esfuerzo para influir en el clima y qué es una propuesta para cambiar el clima global.

Texto: Juanma Gallego. Imagen: NASA. Artículo originalmente publicado en Berria.

Geoingeniería, más allá de los mitos Geoingeniería, más allá de los mitos Reviewed by Juanma Gallego on marzo 28, 2020 Rating: 5

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