Mayak, el amargo legado de la era nuclear soviética


El lugar en el que nació el programa nuclear de la URSS sigue siendo considerado como uno de los enclaves con más contaminación radiactiva de todo el planeta. En 1957 se produjo allí un grave accidente que se mantuvo oculto durante casi dos décadas. La planta de reprocesamiento de combustible nuclear de Mayak aún es el epicentro del reprocesamiento de combustible nuclear de Rusia.

El 29 de septiembre de 1957 un tanque que almacenaba 300.000 litros de residuos radioactivos explotó en el complejo nuclear de Mayak, a unos 70 kilómetros a ciudad de Cheliábinsk, en los montes Urales. El accidente se originó por un fallo en los sistemas de refrigeración, que provocó una explosión química equivalente a unas 75 toneladas de TNT. Se estima que hubo unos 200 muertos y en torno a 10.000 evacuados por la radiación.

Sin embargo, el accidente no fue conocido por la opinión pública internacional hasta 1976, año en el que el bioquímico y disidente ruso Zhores Medvedev hizo públicas las conclusiones de una investigación sobre el incidente.

En ese momento el bioquímico se encontraba refugiado en Londres, pero cuando residía en la Unión Soviética había escuchado rumores sobre un incidente nuclear acaecido muchos años antes en los Urales. Se trataba de rumores sin confirmar, compartidos con miedo y secretismo entre científicos y familiares de los afectados por el desastre. En esos círculos era un secreto a voces, pero casi nadie disponía de una visión global y ajustada a la realidad sobre lo que realmente había sucedido. Las autoridades soviéticas habían encargado algunas investigaciones para estudiar los efectos provocados por la radiación, pero la información que manejaba cada especialista era fragmentaria y parcial.

Medvedev tuvo que llevar a cabo una investigación que rozaba lo detectivesco hasta que finalmente logró conocer parte de la verdad, pero el grueso de la información no fue confirmado hasta la caída del bloque comunista. Solo a partir de entonces se supo que la explosión del tanque de residuos de 1957 era tan solo parte de un problema aún mucho mayor.

El lugar más contaminado del planeta


En 2001 Rusia aprobó un paquete de leyes que le permitía importar combustible nuclear gastado. El presidente Putin abrió de esta forma una nueva variante dentro del negocio nuclear: la importación, almacenamiento y reprocesamiento de combustible nuclear gastado. Bulgaria, República Checa, Letonia, Francia, Holanda, Alemania o Libia son algunos de los clientes rusos en este insólito negocio. Se trata de una suerte de reciclado del uranio utilizado en las centrales nucleares, centros de investigación y submarinos de cara a conseguir nuevo combustible.


Pese a que las autoridades rusas tienen planes para poner en marcha una nueva planta de reprocesamiento en Siberia, el complejo nuclear de Mayak es en la actualidad la única planta dedicada a ese cometido en Rusia. Los orígenes de esta planta se remontan al final de la Segunda Guerra Mundial y al mismo arranque del programa nuclear soviético.

Ante la invasión de las tropas de Hitler, los dirigentes de la URSS decidieron mover gran parte de su industria militar al otro lado de los Urales, con la esperanza de que el ejército alemán no pudiera avanzar más allá de esta importante barrera geográfica. Una vez acabada la guerra, la zona conservó su poderosa industria de defensa y, por tanto, su importancia estratégica.

Desde los primeros días la producción de armas nucleares vino acompañada de vertidos incontrolados de material radiactivo. Así, entre los años 1949 y 1951 los desechos nucleares se vertían directamente al río Techa, y a partir de 1951 al lago Karachay. Seis años más tarde tuvo lugar la fatídica explosión de 1957. En 1991 el Worldwatch Institute declaró el lago Karachay como el lugar más contaminado del planeta.

Un legado radiactivo


Pese a que las medidas de protección ambiental empleadas en la actualidad no tienen nada que ver con los desmadres de los primeros tiempos de la producción de armas nucleares, los vertidos aún continúan, originando importantes problemas medioambientales y de salud pública.

“Los niveles de actividad en las muestras de aguas y de lodos son significativamente mayores que los registrados en anteriores expediciones”, denuncia Alexei Schukin, responsable del área nuclear de la Fundación Bellona en San Petersburgo.

Schukin, que participó junto a otros diez expertos internacionales en la última expedición a la zona en abril de 2013, explica que el equipo efectuó mediciones de partículas gamma y beta en 1089 y 815 puntos respectivamente, y recogió un total de 122 muestras en ríos, lagos y suelos. Los niveles máximos de radiación fueron detectados en la zona de pantanos de Asanovskih, donde se midieron registros cien veces superiores a la radiación natural de fondo.

El experto considera necesario el cese total de los vertidos y advierte de la catástrofe radiactiva que podría originar la ruptura de la conocida como “Presa 11” en caso de inundaciones. “En el curso medio e inferior del río Techa los ganaderos dan de pastar a sus vacas y caballos en tierras contaminadas y pescan en el río, donde también hemos visto niños nadando”, denuncia.

Las instalaciones de Mayak son aún un lugar contagiado del secretismo de los tiempos de la Unión Soviética, pero afortunadamente la información es cada vez mayor gracias al trabajo de testigos de excepción como Alexei Schukin. Los problemas que arrastra la planta están provocando que la agencia estatal Rosatom se plantee cerrar sus instalaciones. De ser así, estaríamos ante la caída de uno de los pilares de una época oscura en la que la humanidad vivió al borde del conflicto definitivo.

Publicado originalmente en One Magazine.

Imagen: Alla Slapovskaya / Alisa Nikulina/ Ecodefense


Mayak, el amargo legado de la era nuclear soviética Mayak, el amargo legado de la era nuclear soviética Reviewed by Juanma Gallego on marzo 02, 2015 Rating: 5

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