El cóctel tóxico de cada día



Por Juanma Gallego para EFEverde.- Los seres humanos convivimos a diario con una enorme cantidad de productos que contienen compuestos potencialmente perjudiciales, pero las bajas concentraciones de estas sustancias hacen que las autoridades reguladoras consideren seguro el producto final. La valoración del riesgo, sin embargo, se efectúa de forma individualizada para cada diferente tipo de contaminante, sin tener en cuenta el posible efecto combinado.

Suena el despertador. Ponemos el pie en la superficie polibromada que tenemos bajo la cama. Es decir, en la alfombra, con sus retardadores de la llama. No hay problema. Una ducha acompañada de relajantes parabenes espumosos nos ayudará a desperezarnos. Tras secarnos, pasamos por nuestras axilas un poquito de ftalato, para evitar una sudoración excesiva. Una cápsula de bisfenol café y unos huevos fritos en la sartén perfluorada nos darán las fuerzas suficientes para afrontar el día con entusiasmo.

Puede parecer la crónica de un paranoico, pero solo es el comienzo del día y la lista de sospechosos en inmensa. Y crece. Cada vez que utilizamos o consumimos un producto, confiamos en que detrás de ellos hay un sistema ordenado y racional que garantiza que el producto no es perjudicial para nuestra salud. Y que existe además un consenso científico al respecto.

Pero no todos los especialistas comparten esta idea. “Toda la toxicología reguladora del mundo occidental está basada en el análisis del riesgo individual para cada compuesto”, advierte Nicolás Olea, profesor de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada y experto en el impacto de los productos tóxicos en nuestra salud. “No sé de dónde hemos sacado esa idea de que todo está bajo control, o de que la tecnología va a solucionar todos los problemas que estamos creando”, añade.

Olea lleva años estudiando este tipo de compuestos, especialmente los denominados disruptores endocrinos, productos que al incorporarse a nuestro organismo son capaces de mimetizar o bloquear ciertas hormonas. Algunos ya han sido prohibidos, como el famoso Bisfenol A, que ahora no puede utilizarse en los productos relacionados con la alimentación infantil. Sin embargo, existen otras muchas fuentes poco estudiadas o cuya regulación varía en función de cada país.

Por ejemplo, pese a que la Unión Europea cuenta con un ambicioso proyecto regulatorio de sustancias químicas, desde el 1 de enero de 2014 Francia ha decidido por su cuenta prohibir el Bisfenol A en todos los papeles térmicos que se utilizan en los tickets de las tiendas.

Las autoridades francesas han decidido aplicar el principio de precaución teniendo en cuenta el riesgo potencial para quienes manejan durante ocho horas este papel en el puesto de cajera, tradicionalmente asociado a un segmento de población joven y en edad reproductora.

Se trata de un campo de estudio difícil, debido a las bajas concentraciones con las que trabajan los investigadores y sus efectos a largo plazo. El profesor Olea explica que su grupo de investigación está trabajando con una hipótesis en al ámbito de la salud reproductiva masculina. Según esta hipótesis, la mala calidad seminal que se detecta en hombres adultos está determinada por las exposiciones recibidas cuando aún era fetos en el vientre de sus madres. A lo largo de tres estudios sobre calidad seminal desarrollados entre Granada y Murcia, con seguimiento de dato durante una década, los investigadores han determinado que la calidad seminal en el sureste peninsular cae cerca de un 2,5 por ciento anual, tanto en cantidad como en calidad.

Olea argumenta que cuando los compuestos son persistentes, las enfermedades humanas tienen periodos de incubación muy largos. Exposiciones inadecuadas y tempranas, ocurridas durante la pubertad o el embarazo, se manifiestan como una mayor predisposición a la enfermedad en la época adulta.

Si es difícil evaluar el efecto individual de cada sustancia, más complicado resulta aún determinar si la interacción de estos compuestos a los que estamos sometidos puede resultar dañina. Para ello es necesario conocer primero los posibles peligros de cada sustancia, y eso no es fácil.

Desde el año 2006 la Unión Europea cuenta con uno de los reglamentos más complejos de su ordenación. Se trata del sistema de Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas, conocido como REACH por su abreviación del inglés. La Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA), institución encargada de trabajar por el uso seguro de productos químicos en la Unión Europea, tiene registradas más de 6.000 de estas sustancias y para 2018 se ha propuesto como objetivo tener catalogados un total de 30.000 compuestos químicos. Se estima, no obstante, que son más de 100.000 los productos químicos que ya existen en el mercado europeo.

“De momento no existe un requisito legal general para que la industria evalúe la combinación de los efectos y los riesgos de diversas sustancias químicas debido a una exposición combinada”, reconoce la ECHA en su sitio web.

Dosis crónicas

Algunos de estos compuestos, los denominados persistentes, se asimilan principalmente a través de los alimentos, ya que se depositan en el tejido graso de los animales para acumularse después en nuestra propia grasa. “Excepto si eres mujer” -advierte Olea-, ya que cada embarazo y lactancia te ayuda a libertarte de unos pocos… ¡para pasárselos a tus hijos!”. El más conocido es el pesticida DDT, “presente en el cien por cien de la población española, independientemente de su edad”, afirma el investigador.

Otros productos, los conocidos como “no persistentes”, no se acumulan, pero a diario recibimos pequeñas dosis a través de productos de cosmética, alimentos o utensilios de cocina.

"Hasta que no nos damos cuenta de que muchos compuestos son candidatos a ser cancerígenos no se les hace demasiado caso”, dice Asier Vallejo Ruiz, profesor de la Universidad del País Vasco y experto en análisis químico. “A veces el compuesto que se sintetiza no es tóxico, pero después se degrada tras pasar por la depuradora y se convierte en tóxico”, añade.

Vallejo, cuya especialidad son los contaminantes acuáticos, advierte de que la acción humana sobre el medio ambiente no solo se limita a los compuestos sintéticos. Cita como ejemplo la hormona 17 beta-estradiol, generada por el organismo femenino para regular el periodo menstrual y que se excreta a través de la orina. Dado que las estaciones depuradoras no pueden eliminarla, esta hormona natural se vierte de forma muy concentrada en ciertos puntos concretos de los ríos. “Es un disruptor endocrino natural”, señala.

Es uno de los efectos contraproducentes de las depuradoras que, pese a sus ventajas, se han convertido en puntos calientes a los que van a parar muchos compuestos peligrosos que la tecnología actual no puede filtrar. De esta forma, el agua se devuelve a los ríos tras ser tratada se convierte en un pequeña bomba de tóxicos combinados.

¿La dosis es la clave?

José Luis García Fierro, investigador del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica del CSIC, coincide en la necesidad de hacer un seguimiento a los productos químicos. ““Debemos tener una vigilancia muy estricta sobre los nuevos productos que salen al mercado”, indica. Pero pese a esta advertencia, García Fierro rompe una lanza a favor de la química. ”La esperanza de vida de los humanos ha aumentado veinte años durante el siglo XX, y eso ha sido posible básicamente a los progresos de la química, la medicina y los productos farmacéuticos”.

El investigador del CSIC reconoce, no obstante, que no se conoce con suficiente detalle el efecto promotor que pueden tener algunos compuestos sobre otros. García Fierro pone como ejemplo algunas sustancias contra roedores que se utilizan en almacenes de cereal. “Suelen tener compuestos de talio y compuestos fosforados, pero no se conoce muy bien su relación. Se sabe que ambos son nocivos pero al mezclarse uno puede ser inhibidor de otro o, al contrario, acelerar su efecto”.

“En dosis tan pequeñas no va a pasar nada”, argumenta García Fierro. Tenemos que tomar algunas precauciones, como airear el ambiente después de utilizar un insecticida, pero todos los productos que utilizamos a diario se pueden usar sin riesgo”.

Olea no es tan optimista. “El hecho de que las dosis sean bajas le dan una enorme tranquilidad a la administración. Dicen que todo está bajo control porque los niveles son bajos, pero ¿cuántos niveles bajos hacen un nivel alto?”, se pregunta. “A veces se cree que con prohibir algo en el Boletín Oficial del Estado ya se ha acabado con el problema”, bromea.

El experto en tóxicos considera “estúpido, ingenuo, perverso y criminal” seguir basando los estudios toxicológicos ambientales en compuestos individuales. “Eso estaba bien para los siglos XVIII o XIX, cuando la gente se intoxicaba por mercurio o plomo, pero no para el siglo XXI”, sentencia.


El cóctel tóxico de cada día El cóctel tóxico de cada día Reviewed by Juanma Gallego on febrero 28, 2015 Rating: 5

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